Feminismos nuestro camino sentipensante para la revolución

Entre bombones, flores, serenatas, desayunos y globos en forma de corazón, entre el “feliz día mujer, eres vida y luz” estamos las que vivimos al margen del sistema que todavía cree que el 8 de marzo es una fecha para celebrar.  Nosotras abrimos paso al debate y hablamos de todo lo que estamos exigiendo, de las historias de las mujeres que nos antecedieron en la lucha por una vida digna, justa y sin explotación. 

El 8 de marzo es un día con energía distinta, desde que nos levantamos sabemos que las calles nos esperan para teñirlas de morado y violeta y que entre tambores, abrazos y digna rabia las mujeres y las niñas nos convocamos para gritar y decir ¡alto! que la revolución será feminista o no será, “abajo el patriarcado se va a caer, se va a caer” ¡porque sí se va a caer! con nuestras manos y la fuerza que tejemos cuando estamos juntas. Pasito a pasito lo vamos a tumbar y  sobre él levantaremos una sociedad más justa, segura y digna para nosotras, para las nuestras. 

Este día nos encontramos bajo el sol las trabajadoras, las sindicalistas, las antiespecistas, las trans, las lesbianas feministas, las afrodescendientes, las aborteras, las punkeras, las patinadoras, las estudiantas, las profesoras. ¡Todas! porque pese al dolor latente de nuestras hermanas muertas, pese al dolor de los índices alarmantes de violencia sexual y los feminicidios está la alegre rebeldía porque esa es la única que nos deja resistir a este sistema nefasto llamado patriarcado. 

La consigna de: ‘somos muchas y estamos en todas partes’ es verdadera, no es un eslogan de redes sociales. Somos capaces de teñir de morado y verde toda la avenida oriental, somos tantas que paramos la ciudad, no sólo el tráfico, paramos la vida cotidiana porque sabemos que sin nosotras esta sociedad no va más. Somos muchas, capaces de todo y cada vez seremos más, porque nosotras las feministas, las mujeres que priorizamos mujeres en nuestras vidas, estamos abrazando incansablemente a la señora del barrio que no sabía nada de feminismo, estamos acompañando con amor a la mujer apática con la lucha, estamos abrazando a la niñas de nuestra familia, estamos creyendo en la mujer que denunció a su violador, estamos tocando con calma y mucho amor a todas las mujeres que encontramos en nuestro camino, en la esquina, en la calle y en el barrio.

Seremos más en la casa cuestionando los mandatos de género, desmantelando las violaciones que se convierten en secreto familiar. Seremos más acompañando las rupturas de las mujeres con el violentador y en el dolor de la denuncia a las hermanas, seremos más en el ámbito académico, denunciando a los profesores acosadores y al cómplice del silencio patriarcal, señalando la invisibilización de las profesoras y las estudiantas en los debates sobre género y feminismos, porque para la academia primará el discurso y las reflexiones de los varones, seremos más en las calles sosteniendo la mirada a los que acosan, contestando con besos al lesboodio depredador.  Seremos más, cada día una hermana se une a la lucha, se une a esa marea verde, a la marea violeta para cambiar el mundo y nosotras con brazos abiertos estaremos ahí. 

Y claro, después de esta movilización la pregunta de muchos y muchas es ¿y qué pasa después del 8 de marzo?

Fácil, volvemos a nuestras guaridas de lucha feminista, desde la pedagogía, el arte y el activismo seguimos cuestionando esta ciudad, con las nuestras vamos haciendo camino de lucha colectiva y tejiendo reflexiones para nuestras vidas. Somos fuego creador y como chispitas aisladas vamos encendiendo las hogueras colectivas donde nos reunimos para aullarle a la luna, somos viento que viaja de un lugar a otro sutilmente y otras tantas derrumbando todo, somos agua que corre a través de las piedras y la hierba, somos tierra fertilizada de lucha, justicia y ética feminista. 

Escrito por Daniela Monsalve Posada, trabajadora social, promotora de lectura con enfoque de género en población juvenil e infantil

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