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Debemos cuidar la columna vertebral

La columna es el pilar que nos mantiene rectos y una gran fuente de molestias en la edad adulta. Cuidar la columna es posible y necesario, todo depende de nosotros.

Nuestra voluntad desafía la evolución. Nuestras vértebras son las de un cuadrúpedo, es decir los seres que se movilizan utilizando sus 4 extremidades, pero en nuestra evolución, el humano decidió caminar dos de sus extremidades, para dejar las otras dos libres y utilizarlas como herramienta, así como para poder desarrollar el lenguaje; por esto, la columna tuvo que desarrollar tres curvaturas para mantener esa posición vertical y adaptarse a nuestra nueva necesidad.

Esta evolución ha tenido un costo: La columna es delicada, inestable y todo lo que la rodea (músculos, las articulaciones, los ligamentos) deben hacer un esfuerzo permanente para mantenernos erguidos, y sí, los estudios muestran que casi el 100% de la población va a tener lumbalgia (dolor muscular en la zona de la columna) en algún momento de su vida.

Partes de la columna:

Un desgaste natural

Desde el inicio de nuestra edad adulta comienza el desgaste. Los discos comienzan a deshidratarse, disminuye su volumen y a partir de allí aparecen cambios de artrosis, mala posición, descompensación en las articulaciones, de los discos y disminución de ese espacio discal con estrechamiento de la salida de los nervios.

Así como se envejece la piel, el corazón y los tejidos con el paso de los años, se envejecerá todo el sistema músculo-esquelético. Otros factores también influyen en el deterioro de la columna: la herencia, la genética (porque al igual que hay personas que tienen herencia de problemas cardíacos, hay personas que tienen herencia de problemas de columna).

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La actividad laboral, deportes y otras actividades nos hacen más propensos a daños en la columna. No es lo mismo un ejecutivo o una secretaria que alguien que debe cargar peso todo el día, ni corre el mismo riesgo un corredor de largas distancias, que un ciclista o un levantador de pesas o, en la actividad diaria y el cuidado que se le dé a la columna, no es lo mismo una persona sedentaria a un deportista regular que mantiene todos sus músculos en forma.

Los músculos, las articulaciones, los ligamentos, los mismos huesos, las vértebras, los discos o las raíces nerviosas pueden generar dolor lumbar y usualmente es por posturas incorrectas, malos hábitos al dormir, levantar objetos pesados, sentarnos mal y de forma prolongada, o trabajar en posiciones incómodas.

Formas de cuidar la columna

Desde nuestra vida diaria podemos contribuir al cuidado de la columna, y para esto necesitamos compromiso personal: Cambiar los estilos de vida, enfrentar el sedentarismo, hacer deporte de forma regular, reducir la obesidad y cuidarse de posturas incorrectas y prolongadas. Cuidar la columna puede hacer que el desgaste natural y deterioro por la edad sea menos evidente, más llevadero y menos rápido, de forma que aunque la columna se deteriore, la persona tenga mejor calidad de vida.

Podemos seguir estas recomendaciones:

  • No fumar
  • Reducir el peso corporal, en caso de que lo excedamos, para restarle carga y esfuerzo a la columna
  • Realizar ejercicios de estiramiento cuando se está en la misma posición mucho tiempo.
  • Convertir las pausas activas en una rutina infaltable.
  • Evitar levantar objetos pesados, y si se va a hacer, hacerlo correctamente, agachándonos en cuclillas hasta el objeto y poniéndonos en pie lentamente al levantarlo para no curvar demasiado la columna y lastimarla.
  • ¡Moverse! El ejercicio, caminar, la danza, las manualidades, todos ellos ayudan a que la maquinaria se mantenga activa y no se “oxide” tan rápidamente.
  • Los deportistas deben tomar las medidas preventivas para disminuir el impacto en columna, en aquellas disciplinas que la afectan (pesas, ciclismo, salto, cross, etc.)
  • Recibir por lo menos 20 minutos de sol al día fortalece el sistema músculo-esquelético.

¿Cuándo es recomendable acudir al médico?

Cuando hay dolor por más de tres meses, cuando el dolor se irradia a una pierna, cuando el dolor es nocturno o en reposo o se asocia a pérdida de peso, cuando hay entumecimiento, calambres, adormecimiento de las extremidades, cuando hay parálisis, pérdida de fuerza o dificultad para el movimiento y cuando hay problema para controlar la orina.

Por Carlos Jaime Yepes MD – Neurocirujano
Jorge Alberto Arias MD – Fisiatra
Actualizado de apartes de la Revista 5 Sentidos

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