Natalia y Sara: el arte en cuerpo de mujer

El arte fluye a través de sus ojos, su mente y su corazón. Su nombre es Natalia Bedoya Alcaraz, entre otras cosas, es fotógrafa, actriz, dibujante y escribe canciones. A sus 19 años se cuestiona como artista, que es lo verdadero, lo que realmente cuenta y ayuda a una persona a construir algo. Para ella el arte no es selectivo, cualquiera puede acceder a un trozo de él y percibirlo a su manera.

Cuando Natalia toma una foto, esta no solo recorre el mecanismo de su cámara, sino también todo su ser: pasa por su mente, cuerpo y corazón. Este proceso no sólo lo vive en la fotografía, sino con cualquier cosa que sucede en su día a día, es lo que la hace sentir que el mundo no es solo de ella, y la lleva a decidir y construir a partir de eso. Esta es la analogía que ella hace entre su cámara y su mente, cuando su ojo se conecta con su imaginación, genera algo que le permite valorar los detalles. Menciona que no se imagina viviendo con la misma intensidad si percibiera el mundo de manera diferente, estos momentos le dan valor a su existencia y a su arte.

“Todo lo que hago nace de esta manera, de lo que rescato cuando estoy con mis papás, mi familia y cuando estoy con mis amigos”, su inspiración nace de la interacción, por eso lo que más le gusta de su arte es darse cuenta que los demás lo resignifican y cada uno encuentra cosas totalmente diferentes a lo que ella quería contar, y a su vez cree que de esta manera se está construyendo una verdad colectiva, para ella, esa sensación es maravillosa.

Así como Natalia, Sara Hernández es una joven que concibe el arte como aquello que le da vida, que la mueve desde su ser actriz. A sus 19 años describe su disciplina como una forma de expresión corporal, emocional, la exploración de las intenciones. Ve en la actuación la forma de encontrar personas muy diferentes y a su vez hallar algo en común que le permite conocer a los demás sin prejuicios.

La Corporación Cultural Nuestra Gente fue su puerta hacia este mundo, según ella, en ese lugar se genera un compartir de saberes, donde todos aportan un poco para crear conocimiento en comunidad. Sara quiere llegar a ser una buena actriz, pero no para los ojos de los demás o la academia, sino para ella misma y así, desde su proceso de crecimiento, posibilitar que otra gente lo aprenda.  Uno de sus anhelos es ser maestra en territorios vulnerables o con contextos difíciles, ve en ello un quehacer hermoso, que le da dignidad a uno y a los demás. “El teatro es una lucha de todos, es una forma de empatizar y de pensarnos todos como un igual” dice.

Estas 2 jóvenes artistas comparten ideas muy similares acerca del rol que históricamente ha cumplido la mujer en el arte. Ellas piensan que más que menospreciadas, han sido violentadas y acosadas. Sin embargo, al darse cuenta de lo poderosamente artistas que son, pueden impactar  desde su papel fundamental, revelador y transformador que las potencia y las respalda en sus vidas. 

Escrito por Paulina Bohorquez y Mateo Jiménez

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