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Imagen por María Alejandra Escobar

Para vos que estás ahí leyendo

Hoy llueve y las gotas que caen vienen acompañadas de un recuerdo. Miro por la ventana y veo venir sus sonrisas en un día azulado, ahora llueve en mi rostro. Despacio, voy de nuevo a las últimas palabras que me escribió en un trozo de papel, no vaya a ser que del afán me atragante de nuevo con ellas y sufra de aquella mudes que se queda en mí una semana, un mes ¡qué sé yo!

Ayer la he vuelto a nombrar, mientras las paredes de la casa se pintaban de mar y el pájaro en la jaula picoteaba las barras con el afán de aminorar la soledad, al pobre se le van cayendo las plumas y no contempla sus pocas probabilidades de volar. Y es que nombrarla transfigura los espacios, los empieza a menguar mientras se va volviendo pintura, letra, gesto, caos; en pocas palabras LENGUAJE y yo quedo aquí sentada junto al reloj que marca lo ambiguo. Sé que te juré que no volveríamos a hablar sobre este asunto, pero sigo resguardándolo acá, adentro de mí, y es que si no lo saco del silencio, cómo lo enfrento.

Por eso te escribo esta carta, porque te anuncio de una vez que hoy he decidido romper este pacto de lo innombrable, que me alzo con la turba de la desobediencia que desviste las paredes azules para verlas arder de amarrillo y naranja, necesito que entiendas que hay instantes que deben arder, que los pájaros deben salir de la jaula y aventarse a las ráfagas de aire y revolotear entre las danzas del viento y saberse libres.

Mi habitación ha estado por mucho tiempo bajo la imposición de la frialdad, pues así lo has querido, pero hoy me niego a aceptarla. Así que correré las cortinas y abriré las ventanas, dejaré que entren los rayos del sol para que caliente este rinconcito y cobre vida. Le pegaré las plumas al pájaro con la inocente intención de ponerlo en mi balcón para que alce vuelo.

Y por último ¿sabes qué haré?, lanzaré un grito en honor a ella, gritaré tan fuerte que los dibujos en el caballete cobrarán vida, los poemas se convertirán en una canción que me acompañe, daré un grito que dé testimonio del absurdo aislamiento y afonía en la que me tienes.

Esta será la última carta de mi parte que vean tus ojos, no esperes más silencio de mí.

Texto por Dayana González

Imagen por María Alejandra Escobar

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