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Foto cortesía archivo del grupo de investigación Medio Ambiente y Sociedad - MASO de la Universidad de Antioquia
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Turismo en los barrios de la ciudad: un debate necesario

El turismo como actividad económica en Medellín se torna cada vez más importante. Premios y reconocimientos la han posicionado como una ciudad a ser conocida y visitada por turistas locales y extranjeros que buscan maravillarse de lo que de ella se dice. Sin embargo, así como trae beneficios también comienzan a verse externalidades no deseadas sobre todo en barrios históricamente excluidos para dicha actividad.

– Sabía que era turístico, pero no tanto-

Me dice una amiga de Brasil sobre el barrio Las Independencias en la comuna 13, en una visita desprevenida que acompañé. Ella, al igual que miles de personas, vienen a la ciudad por múltiples razones, en este caso la motivación es académica, la política urbana es uno de esos temas que más interesa con la ilusión de entender eso que llaman “El milagro Medellín”. Cómo la ciudad más violenta del mundo en la década de los 90 hoy es la más innovadora, la más cool, la segunda más turística de Colombia. 

Metros más adelante remata: 

– Un shopping center-. Miro a mi alrededor y luego volteo mi vista hacia ella, como quien no entendió. 

– Sí, un barrio vuelto shopping center- me dice. Y yo afirmo con mi cabeza, como quien entiende pero no lo quiere reconocer.

Según el Observatorio Turístico de Medellín (OTM), en 2022 los atractivos de la ciudad han sido visitados por cerca de 3 millones de personas, de los cuales 1.663.461 han estado en la comuna 13, una cantidad considerable si se tiene en cuenta que en esta zona de la ciudad viven -según las proyecciones poblacionales del último censo de 2018- cerca de 165.684 personas y en dicho lugar turístico, Independencias I, II y III, se concentran cerca de 16.065 personas, lo que quiere decir que los visitantes asciende en un año a más de 100 veces el total de la población del barrio. Locales comerciales, galerías de arte, alojamientos… igualmente han ascendido, basta con hacer el recorrido para percatarse de ello.

Desde 2017 visito este lugar de la ciudad por intereses académicos, pero el símil con la zona nororiental donde se desarrolla toda mi vida social, cultural, política y hasta laboral me ha conectado emocionalmente, su historia de lucha, su riqueza cultural y comunitaria me atrajo tanto como los primeros procesos en los que participé en estas montañas. Es por esto que mi sorpresa no obedeció a algo que no supiera, sino más bien a algo que aún me cuesta reconocer.

En estos años me he dado cuenta de lo que ha significado que un barrio precarizado, violentado y excluido hoy sea reconocido y visitado por millones de personas, las posibilidades que tienen jóvenes de vivir de su arte, de contar su historia y de intercambiar con otras culturas, aprender su idioma y sus costumbres, asi mismo reivindicar la memoria y la lucha popular de dichos sectores.

Sin embargo, también he conocido historias de desplazamiento por la intervención urbana, por la perturbación del cotidiano y la sensación de no poder vivir más en un lugar como ese, con ruido excesivo y pérdida de todo tipo de intimidad; he presenciado la tergiversación de esa misma memoria que se busca reivindicar para hacerla más atractiva y fácil de mercantilizar con algunos turistas en busca de la tragedia y el dolor.

Lo que más inquieta es que, aunque hablar hoy de turismo remita a Independencias en la comuna 13, este fenómeno se va instaurando como un proyecto de ciudad. Medellín continúa posicionándose de manera acelerada, proyectos urbanísticos de movilidad, espacio público, así como programas y proyectos sectoriales de turismo, y el city marketing brindan condiciones óptimas para el desarrollo de emprendimientos y ahí nuestros barrios populares son lugares que cada vez más se disponen para ello, se embellecen y promocionan como atractivos a la vista de turistas en busca de cotidianos “auténticos”.

Es por esto que cobra importancia una pregunta, ¿Cómo queremos habitar nuestros barrios? Estamos a tiempo de intencionar que el crecimiento turístico en Medellín se desarrolle en un ambiente de cuidado del patrimonio, de respeto por la cotidianidad, de aprovechamiento del intercambio cultural y de la dinamización de la economía, pero antes que nada de la custodia de nuestro propio bienestar. Ahora bien ¿Tenemos claro qué aspectos de nuestra vida barrial necesitan ser cuidados y cómo? Las respuestas a éstas y otras preguntas requieren con urgencia el debate, la participación y la formación en estos.

Por Christián ÁLvarez López
Fotografía cortesía archivo del grupo de investigación Medio Ambiente y Sociedad – MASO de la Universidad de Antioquia

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