La planeación local y el presupuesto participativo en Medellín: Más sombras que luces

Por Martín Román y Cesar Mendoza

Hablar de la planeación local y el presupuesto participativo en Medellín, es mencionar cómo la ciudadanía, mediante la resistencia y movilización social, han incidido para el avance de una democracia participativa en la Ciudad. Para validar la anterior afirmación, hablaremos de unos períodos históricos que obedecen a épocas de luces y sombras en el desarrollo de la planeación local y presupuesto participativo.

La primera época, denominada, de luces, corresponde al periodo 1991 al 2004, se caracteriza por la promulgación de la Constitución Nacional, que declara que en Colombia hay democracia participativa. En Medellín, debido a la violencia generalizada, se establece la Consejería Presidencial para Medellín, iniciativa de coordinación interinstitucional que mediante la articulación Estado – Sector privado – Comunidad, se desarrolló acciones que buscaban superar la crisis que existía en esos momentos. Un hecho muy importante a resaltar es que, debido al ejercicio de la Consejería, se generan procesos comunitarios de planeación zonal.

Estos procesos, donde la comunidad, decide sobre el futuro de su territorio, genera organización, formación y movilización en las comunas y corregimientos, logrando que el año 1996, se promulgue el Acuerdo Municipal 043, por el cual se establece el Sistema Municipal de Planeación, donde se promueve la planeación local del desarrollo y se reafirma las funciones de planeación de las Juntas Administradoras Locales.

Medellín, empieza a contar, con una serie de Planes de Desarrollo Locales Comunales y Corregimentales, que definen un horizonte de futuro para sus territorios, pero, a pesar, de algunos esfuerzos, no se contaba con los recursos económicos necesarios para su implementación. Nuevamente la ciudadanía se moviliza y en el 2004, se instala el Presupuesto Participativo, el cual consiste en destinar del 5% de la inversión social municipal al desarrollo de iniciativas ciudadanas que estuvieran en los Planes de Desarrollo Locales.

Este periodo termina siendo de luces y continua con el inicio del siguiente periodo: del 2007 al 2017, ya que se revisa y ajusta el Sistema Municipal de Planeación, en el 2007, donde se incorpora un capitulo denominado: Planeación Local y Presupuesto Participativo. Si bien hay muchas dudas sobre este Acuerdo, lo cierto es que permitió que la ciudadanía contara con un escenario de deliberación y de incidencia sobre el futuro de su territorio.

El aspecto negativo de esta época, es que surgen sombras, por un lado, las administraciones municipales ponen a competir al Plan de Desarrollo Municipal con los Planes Locales de Desarrollo por el rubro presupuestal del presupuesto participativo. Y por otro lado se establece practicas comunitarias que buscan el beneficio individual y no el colectivo, es decir, hay corrupción.

Termina este período en el 2017, donde el gobierno municipal revisa y ajusta el Sistema Municipal de Planeación, sin contar con muchas de las inquietudes y propuestas de la comunidad, este Acuerdo municipal, coloca a los Planes de Desarrollo Locales Comunales y Corregimentales en uno de los insumos para la presupuestación participativa y reduce la participación incidente de la comunidad. Este comportamiento se ve más claro en la reglamentación (decreto 697), que, mediante un complicado ejercicio de priorización, se somete a una votación planchas que obedecen más al ejercicio de la practicas tradicionales electorales.

Lo cierto es que ese período termina con muchas sombras, que se reflejan en la disminución del interés comunitario de participar con incidencia en la planeación local del desarrollo. Esta situación no se mejora en el actualmente.

Es cierto que el actual gobierno le toca afrontar la emergencia por la pandemia COVID y es así como, hace dos cambios que ensombrecen más el desarrollo de la planeación local y el presupuesto participativo. El primero es la promulgación, en el 2020, del decreto transitorio 901, el cual orienta que las iniciativas comunitarias a una serie de alternativas ofrecidas por el gobierno municipal con el fin de disminuir los impactos negativos de la emergencia, que en la práctica, hace que la Administración municipal cuente con más recursos para atender la pandemia, pero nunca se reconoce que fue con recursos del presupuesto participativo.

El segundo cambio es el empleo masivo, por razones obvias, del voto electrónico, lo cual, ha sido una fuente de fraude electoral y por lo tanto el privilegio de unas iniciativas sobre otras. En la actualidad esta pendiente de firma, por parte del Alcalde, de un decreto que revisa y ajusta la reglamentación de Presupuesto Participativo y lo que se observa es cada vez se busca orientar este a los requerimientos de la administración municipal.

Concluimos que es necesario recuperar el carácter de movilización comunitaria que tuvo, en sus inicios, la planeación local y el presupuesto participativo. Hoy se requiere una comunidad organizada y capacidad de incidencia sobre el futuro de las comunas y corregimientos y de la ciudad.

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