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Cocina y Carreta: De la palabra al fogón

Relatos, poemas, memorias mientras se prepara un sancocho… porque escuchar cuentos es bueno, nos permite elevarnos, imaginar, abrir la boca y comer bueno.

¿Recuerdas cómo era la cocina cuando apenas eras un niño o una niña? ¿Recuerdas su aroma? ¿Su color? En Cocina y Carreta atravesamos desde el recuerdo y hacemos radiografía de uno de los lugares emblemáticos de nuestra infancia, la cocina, como lugar de poder, donde se concretan ideas, planes, donde lloramos y reímos. El fogón como elemento que nos invita a rodearlo, a ver lo que transforma, una relación que es heredada desde lo ancestral. Desde Cocina y Carreta hemos llamado a la memoria para que nos relate desde la niñez hasta la adultez las transformaciones y experiencias que en las cocinas hemos transitado, vivido y comido, las migraciones que nos dejan marcas, para saber de dónde éramos y a dónde vamos.

Estas reflexiones surgen en casa encuentro, donde 10 mujeres y un hombre tomamos la palabra para compartir experiencias, todos cocinamos, todos revolvemos la olla, todos tenemos y comemos la palabra.

“Nacer, comer, reproducirse, alimentarse y morir, podrían ser los períodos en que se separa la vida. Sin embargo, comer es un acto tan cotidiano, una acción tan repetitiva, que tiende a ser olvidada y desestimada, tal como ocurre con casi todos los motivos principales de nuestra existencia. Un ejemplo de ello es lo que ocurre con acciones como la de respirar: nos mantiene vivos, pero la manejamos como un acto inconsciente que la mayoría de las veces ni agradecemos. En tal medida, se hace necesario insistir en que alimentarnos no debe tomarse como un hábito, es indispensable considerarlo una necesidad similar a la de respi- rar, una forma de asegurar la vida” Sebastián Pérez

Mi infancia cafetera

 “Mi niñez y mi fecha de nacimiento: Circasia, Quindío, marzo 21 de 1959. Mis recuerdos van desde los 5 años en adelante, vivimos en Circasia y luego en Pereira. Mi papá nos llevó para la finca donde el abuelo, allá vivimos poco tiempo, aproximadamente dos años. Nos tocó ayudar a coger café , luego echarles comida a los cerdos y gallinas, luego otros días a desgranar maíz para moler y hacer las arepas y la mazamorra. Luego volvimos a Pereira, en ese tiempo hice la primera comunión. Mi papá me dejó con la abuela paterna y se fue con mi mamá María Elena. Les alquilaron una pieza y como papá estaba sin empleo, una vecina le pasaba un plato de comida y de ese plato comíamos los cuatro, era una pieza de adobe y de techo. Luego volvimos a Circasia para mi mamá tener a mi otra hermanita».

Ponquesitos y canciones

A mi mente viene el recuerdo de unos ponquesitos que vendía y decorábamos con bolitas dechicle, que eran de colores y también los había en cuadritos. Recuerdo dos canciones, que cuando las escucho me transportan a mi niñez, quizás uno de los pocos buenos recuerdos de mi niñez, una de ellas era Tus Montañas Caracas, de Nelson y sus Estrellas y «…del mar yo sacaré las más hermosas perlas…» y hasta bailábamos, eso sí que era fiesta, tremenda canción la montaña, eso sí era música.

El hueso gustador «El Calambombo»

-Doña Ofelia ¿Le puede prestar el hueso gustador a mi mamá? 

-Claro mija pero «Ni me lo chupa, ni me lo muerde, tres metiditas y me lo devuelve. Cocina y Carreta.

Los fríjoles

«Yo como que amanecí inspirada. Doy gracias al cielo al que inventó cocina y carreta, porque eso de comer y reír no se lo cambio por nada y se conoce gente bien ilustrada.

Vale la pena sacar el rato para compartir lo que se comió hace rato. Y que todavía seguimos comiendo, porque los frijoles con coles nos puso orgullosos de recordar que todavía hay frijoles caros y también baratos.Silvia Colorado, Cocina y Carreta. 07/06/2022

Oda al sancocho

No solo compartimos la memoria hablada, compartimos las recetas con las que crecimos y, por supuesto, el sancocho es uno de los principales protagonistas. 

Cocina y carreta, la memoria desde el alimento y las migraciones, desde el desayuno se apodera nuestra tertulia ¿Qué comíamos de niños? ¿Cómo se preparaban esos alimentos?

Por Andrea Sierra

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