Archivo fotográfico padre Federico Carrasquilla años 80

Cien años que no han sido de soledad

Escritores de las redes, expertos en bulos, cuentan que: “Cada 100 años se presentaba regularmente en el mundo un padecimiento que alcanzaba la categoría de pandemia. En 1720 sobrevino la peste; en 1820 la epidemia del cólera” (tema de la novela El amor en los tiempos del cólera, donde García Márquez, narra “un viaje por el río Magdalena de Florentino Ariza y Fermina Daza bajo la simulada bandera amarilla del cólera, declarándose en cuarentena para navegar en amor”). La gripe española en 1918, mostró su poderío en Colombia en Bogotá y Boyacá, donde hubo tantos muertos que “el gobierno sacó de las cárceles a los reos para que hicieran las veces de sepultureros”; la peste dejó en Medellín 56 muertos.

Lo que conocemos como la Nororiental, en aquella época no tiene registros de la peste. Lo que, sí dan cuenta algunos escritos de estas pendientes de aires benignos para la cura de la locura, es que aquí, en una pequeña colina se construyó el antiguo hospital para enajenados, desde donde aún hoy recordamos con afecto a un poeta, que diera a esta tierra una prosa perenne: 

“Nací sobre una montaña,
Mi dulce madre me cuenta
Que el sol alumbró mi cuna
Sobre una pelada sierra.”

El canto del antioqueño – Epifanio Mejía

¡100 años! 1920 es la fecha icónica que tomamos por capricho o cábala temporal, que marca el hito de construcción de la zona. Aranjuez, Manrique, Campo Valdés y Berlín fueron el origen de un bello augurio; ¿asistimos a una época de cambio o a un cambio de época? (los teólogos de la liberación instalaron esa bella pregunta), ese tiempo está en la gente, porque es ella la que ha generado iniciativas de cambio.

Territorios que crecieron en desigualdad social, en ausencia pública hasta muy entrados los 80; en esos años el médico Héctor Abad Gómez, profesor en la Escuela de Salud Pública de la UdeA, decía: El primer problema de salud pública en Colombia es la desigualdad social, (…) la gente carece de las 5 aes vitales: la A de agua, aire, abrigo, alimento y amor”. Por defender estos derechos fue asesinado en la segunda peste que sufrió Colombia en el siglo XX, la del plomo. 

Peste que los seguidores de la sexta A, la del arte, enfrentaron en las calles haciendo barricadas de poemas, saltando fronteras del miedo en patas de palo, recreando el amor y la aventura de una vida por vivir en paz. Una juventud que se levantó del suelo tomando su sombra y elevándose por estas montañas diciendo que, sí tenían futuro, que era urgente hacer una apuesta por la esperanza; sus voces tenían el canto del amor con razón y causa, estas causas han tenido la certeza en las organizaciones comunitarias, artísticas, culturales y sociales, siendo reservorio para Medellín. Si no hubiese existido esta fuerza, tal vez la derrota tendría un largo olvido; ahora son presencia y presente.

DESDE LA NORORIENTAL de Medellín. Esta conmemoración invita a una articulación local y de ciudad, para fortalecer procesos de organización, movilización e incidencia política, voces ciudadanas que puedan generar reflexión de ciudad, con propuestas que tengan en cuenta la generación de condiciones de vida digna y derecho a la ciudad.

En el 2020 no han izado banderas amarillas, siguen izados trapos rojos que cuelgan en ventanas y puertas diciendo: Medellín, conmemoramos 100 años contigo.

Por Jorge Blandón

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