Una mujer que no se deja vencer

Zoila Medina es habitante del sector La Base del barrio La Isla. Es una de las fundadoras de la escuela Baldomero Monsalve y es una mujer que ha luchado por sobrevivir con sus tres hijos, superando las condiciones más precarias.

Zoila quien se entretiene y disfruta llenando sopas de letras y crucigramas, escuchando tango, boleros y toda la música vieja, empieza a narrar su historia con una mirada nostálgica, sentada sobre su cama mientras dobla la ropa de su nieto y su hija. “Yo soy de Yarumal y me vine sola a trabajar muy joven acá a Medellín, trabajé un tiempito y después traje a mi mamá y dos hermanas con las que vivía en Santo Domingo”. Junto a ella están sus 2 nietos que se distraen de su programa de televisión para también escuchar la historia de su abuela.

Después de un tiempo en el barrio Santo Domingo la madre de Zoila falleció, ella ya tenía tres hijos y la convivencia en la casa donde estaba se tornó complicada por lo que decidió irse y empezar de cero con ellos. De este modo llegó al sector La Base sin nada más que sus esperanzas y fuerzas para mantener a sus pequeños; con tablas y cobijas se apropió de un terreno que vio solo y lo convirtió en su nuevo hogar.

El principal inconveniente fue con un señor que vivía más arriba y aseguraba que donde ella se había ubicado le pertenecía, sin embargo no tenía escrituras por lo que tuvieron que llegar a un acuerdo informal: “yo le dije, usted tiene dónde vivir y yo no y tengo estos muchachos que necesito mantener y no le estoy causando ningún perjuicio, entonces no me dijo más que me fuera, sin embargo peleamos varias veces”.

Además, la lluvia también era un factor en contra para esta familia. Las corrientes de agua y tierra le tumbaban su rancho hasta que de la Cascajera, el espacio que más tarde se convertiría en la escuela Baldomero Monsalve, asignaron un recurso para construir tres casas, entre ellas la de doña Zoila; pudo tener un hogar más sólido y seguro para sus hijos, pero el problema con el agua, aunque en menor magnitud,  permanecía.

Después de habitar por varios años en el sector, surgió la idea de construir una escuela para los niños y niñas que vivían en los alrededores y algunos que también habían llegado a invadir. Doña Zoila, bajo el acompañamiento de un español, Manuel Burgos que pretendía ayudar sectores pobres y varios vecinos, iniciaron la construcción de la escuela; con tablas y algunos adobes lograron hacer dos salones y una cocina para brindar restaurante a los niños. Más tarde, Manuel viajó a España y al regresar asignó recursos para esta obra y pudieron agregar otras tres aulas, una pieza para libros y las sillas para los estudiantes, quienes se sentaban en adobes o en taburetes que llevaban de sus casas.

Años más tarde la escuela pasó a ser administrada por un colegio de Santo Domingo, luego el Asia Ignaciana, el Loyola y finalmente Finca La Mesa donde actualmente funciona. “Cada año teníamos que pelear con la Secretaría de Educación para que nos mandaran profesores porque había mucho niño, nos mandaban 3 o 4. Estuvo por ahí 10 años muy bien porque la Alcaldía nos ayudó también con el restaurante y ya les podíamos dar mejor alimento a los niños, nosotras las mamás hacíamos el aseo”. Comentó Zoila.

Para terminar, Zoila reconoce que pese a que ha tenido que sufrir mucho, ahora está conforme con lo que tiene y con lo que puede contar a sus hijos, vecinos y comunidad. Vive con su hija y dos nietos, tiene un hogar estable y seguro, ha alcanzado sus ideales y sigue con ánimos y fuerzas para aportar a lo que su territorio necesite: “por ahí se ha dicho que para volver a hacer la escuela, aunque es difícil porque eso ahí es de alto riesgo, pero yo me siento capaz de recuperarla, aunque ya con mucha más responsabilidad porque sería algo más grande, mientras se pueda yo la hago”.

Acerca de María Lorena Tamayo Castro

Soy estudiante de comunicación social periodismo, guiada por la utopía del cambio y el sentipensar del vivir, desde hace algunos meses pertenezco a Mi Comuna 2, un proceso que logra cautivarme y fortalecer mi fe en lo social. Mi mayor amor son los gatos y las miradas de quienes miran.

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