Ensayo del grupo de teatro Jocrar en el salón de la Sociedad Primera La Balvanera. Foto cortesía

Teatro para espantar la muerte

En el barrio Andalucía aún existe el salón de la Sociedad Primera La Balvanera, que durante los años noventa sirvió como espacio de velación y escenario para la formación y presentación de grupos artísticos.  

Era apenas una niña cuando llegó a Medellín proveniente de Santa Fe de Antioquia. Circunstancias familiares la arrojaron a una ciudad completamente desconocida para ella,  un mundo nuevo, complejo, inmenso, todo lo contrario a su pequeño pueblo. Llegó al barrio Andalucía, donde continúa viviendo.

Allí se encontró con la posibilidad de hacer teatro, un oasis en medio del desierto en el que estaba por haber dejado  todo lo que hasta ese momento le era conocido. La invitación llegó por cuenta de Alba Irene Gil, quien convidó a varios jóvenes que tenían un grupo de danza en el barrio a explorar las artes escénicas. Ángela no se interesó nunca por la danza, solo acompañaba a sus primas quienes sí hacían parte del grupo. Sin embargo, la idea de hacer teatro la sedujo.

Eran los años 90, tiempo de agitación en la ciudad, época de caos y violencia. El barrio sonada a peligro, a miedo, a muerte. “Tuve que adaptarme a una rutina distinta,  llegar a un barrio donde había un grupo de las milicias, chicos en la esquina, ¿qué sonó? ¿Eso es un tiro?”, recuerda Ángela.

Había que buscar espacios para el coraje, el festejo, la vida. Paradójicamente, encontraron esa posibilidad en un sitio que estaba al servicio de la muerte. Después de tocar las puertas de lugares como la Junta de Acción Comunal y la Iglesia, lograron que se las abrieran en la Sociedad Primera La Balvanera, también ubicada en Andalucía.

Esta fue fundada cuatro décadas antes por una necesidad del barrio: “se murió un señor y no tenían como enterrarlo, entonces se reunió un grupo de amigos y formaron una sociedad donde la gente aportaba algo y cuando se moría alguien le podían hacer el entierro”, rememora Piedad Rúa, hija de dos de los fundadores.  Luego, como los entierros salían muy costosos decidieron crear la funeraria: “iban comprando cajas y otras cosas que necesitaban. Empezaron a hacer bailes y paseos para construir el salón”, agregó Rúa.

Salón de la Sociedad Primera La Balvanera. Foto cortesía

Fue ese el mismo salón que durante más de seis años usó el grupo de teatro JOCRAR, al que pertenecía Ángela, para hacer sus ensayos. Ella aún conserva el recuerdo de cómo era: “un salón muy amplio, tenía dos niveles, era diseñado para funerales, como sala de velación. Daba la sensación que fuera también una capilla, porque tenía un nivel más alto y había una virgencita y a los lados había unas bancas de cemento que simulaban ser como el altar en las iglesias; pero eran los laterales”.

De aquellos días también recuerda las travesuras de algunos de sus compañeros que llegaban temprano y  se escondían en las escaleras para asustar a los demás. No faltaban las supersticiones y el misterio rondaba sus ensayos, pues el solo saber que había ataúdes cerca ya les infundía algo de temor. Aunque reconoce que eran más las historias que se imaginaban que lo que realmente ocurría.

El lugar también servía como escenario para la presentación de las obras que el grupo hacía. La primera de ellas fue la Fábula de Hortensia. “Eso se llenaba, primero con la familia, pero también con vecinos porque para esa cuadra significaba modificar eso donde estaban los ataúdes,  era el espacio de la vida y de la muerte”, cuenta Ángela Úsuga.

Pese a eso, después de varios años el grupo de teatro dejó de frecuentar el salón. Se siguieron encontrando en la sede de la Corporación Cultural Nuestra Gente, en el barrio Santa Cruz, organización de la que hacían parte y en la que además del teatro recibían clases de formación humana.

De la funeraria ya no quedan más que unos pocos cajones que no se usan. La Sociedad Primera La Balvanera sigue funcionando, en la misma sede en Andalucía, en el mismo salón que en una época sirvió como escenario de teatro.

Acerca de Cindy Paola Paternina Arcia

Suelo ser una persona tranquila y risueña. Creo en la gente, y en la solidaridad que aún nos queda. Le apuesto a los procesos comunitarios porque tengo la convicción de que de esta manera se pueden transformar las realidades indignas y violentas que se viven en el país.

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