Fotografía tomada de https://acomaad.blogspot.com/

La salud mental: un tejido en comunidad

Desde el año 2013, Colombia cuenta con la ley 1616 en la que se reconoce la salud mental como derecho. Esta, tradicionalmente, se ha entendido como ausencia de problemas mentales: si no tenemos depresión, ansiedad, esquizofrenia,  no hemos intentado quitarnos la vida o violentado a alguien, si no tenemos problemas por el consumo de sustancias psicoactivas, si no estamos “locos”, consideramos que tenemos salud mental. Sin embargo, aunque la enfermedad y los trastornos mentales son parte importante, su definición es mucho más amplia; esta nos permite construir la vida cotidiana y tiene que ver con nuestros comportamientos, emociones y relaciones, con el bienestar y la calidad de vida. 

Viéndola de ese modo, podríamos decir que la salud mental no es cosa de locos, todas las personas, de cualquier edad, etnia, territorio, creencia religiosa o género, incluso aunque tenga un diagnóstico de enfermedad mental o una discapacidad, tienen derecho a desarrollar todos sus recursos personales y sociales para establecer relaciones significativas y contribuir a la comunidad. Para entender mejor esto, un ejemplo: una persona tiene un trastorno mental, pero cuenta con una red familiar y social que le permite, desde sus posibilidades, desarrollar su potencial; en cambio, una persona que no tiene este diagnóstico no cuenta con el apoyo social ni los recursos para alcanzar su propósito vital. La primera persona, aunque tiene una enfermedad, puede tener mejores niveles de salud que la segunda. 

También es importante tener en cuenta que la salud mental no es sinónimo de ausencia de dificultades ni una sensación permanente de bienestar. La rabia, la tristeza, la angustia y el sufrimiento son compatibles con ella, así como las decisiones que consideramos valiosas y que representan un esfuerzo que no siempre es placentero: madrugar para una clase en la universidad y trasnocharse para estudiar lo que deseamos, levantarse temprano para ir al trabajo que disfrutamos, despertarse frecuentemente en la noche para alimentar al bebé al que decidimos traer al mundo, cuidar al enfermo en el hospital, dedicar tiempo al ejercicio, tal vez no sean cosas placenteras, pero lo cierto es que toman sentido porque son significativas para nuestra vida. Todos los esfuerzos que hagamos por esto, son también una manifestación de la salud mental. 

Las relaciones con los otros se convierten en la fuerza que puede ayudarnos a movilizar nuestra vida, por eso son de vital importancia los lazos y el apoyo: hacer comunidad, contar con el otro, apoyarnos mutuamente y tener causas comunes, resolver los conflictos y las emociones, aprender a convivir en la diferencia, dialogar, apoyarnos y participar de las decisiones que nos competen en la familia, en el barrio y en la comunidad. La salud mental se construye en comunidad, y una forma de promoverla en este tiempo es estrechando los lazos que nos permiten reconocernos en el otro y reconocer al otro, porque la salud mental no es algo individual, sino que se teje en los vínculos y en la relación con los demás. 

Por Catalina Betancur
Psicóloga

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