La cocina que apela a la memoria

Las historias que se cocinan en nuestros barrios están llenas de memoria, reúnen sabores, olores y texturas cercanas a las experiencias de vida de quienes las cuentan. En nuestro territorio aguardan historias que hacen de la cocina un espacio para compartir saberes y recuerdos que emocionan y rememoran aquellos ingredientes y recetas que nos identifican.  

Doña Lilian, una habitante de la comuna uno de la ciudad y oriunda de Cocorná, apela a la memoria al hablar de las recetas de su madre: “Lo que más nos gustaba era lo que mamá nos hacía, arepas de chócolo muy ricas, sancochos de gallina muy sabrosos y arepas de mote…Recuerdo mucho la mazamorra pilada, que realizaba en pilón de piedra acompañada con leche”.  

“Yo hago el sancochito como mi mamá nos enseñó; igualito”. En aquellas épocas hacer sancocho era todo un proceso, desde arreglar la gallina, hasta calcular el momento justo para echar los ingredientes (lo cual su madre hacía de forma natural). El plátano verde, la yuca, la mafafa, el cilantro cimarrón y la cebolla eran centrales en la preparación. Es de resaltar la forma en cómo su madre cocinaba la cabeza de gallina: “la rellenaba, le quitaba el pescuezo, lo molía, le echaba aliños, cebolla, papita picada, la rellenaba, la cocía con un hilo y la ponía a cocinar dentro del sancocho, la dejaba enfriar y la partía como en trozos de morcilla”. 

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Las arepas de chócolo y las arepas de mote comprendían un proceso particular, para las primeras el maíz que utilizaban eres de cosecha propia del campo y para las arepas de mote, empleaban hojas de plátano y fogón de leña: “bajo la ceniza caliente ponía las arepas, salían como un hojaldre; suaves por dentro y con un cascarón tostadito por fuera”. Doña Lilian describe a su madre como creativa, pues trataba de alimentar muy bien a sus hijos dentro de su capacidad y de lo que el campo brindaba sin dejar de lado la tradición, un ejemplo de ello, es que las arepas se hacían de manera especial en semana santa, de forma que las arepas necesarias que se cocinaba el miércoles, para que jueves y viernes santo no se cocinara, pues así lo dictaba la costumbre.  

Dada la violencia, la familia de Doña Lilian se trasladó a la ciudad de Medellín. Ella lleva más de 60 años en su barrio, en el cual comparte saberes con otras personas, a través de los procesos en los que participa en la Casa de Cultura del Popular, en uno de ellos aprende sobre cocina, lo que le ha permitido compartir recuerdos y formar otros, además de replicar lo aprendido en su hogar, como: estofados, arroces, jugos, aromáticas, tortas. Todo esto le ha permitido complementar una ruta de cocina que le permite a ella que tiene diabetes y a su hijo que tiene tiroides cuidarse. En este sentido expresa que: “comemos de todo, comer bien no cuesta mucho solo se debe cuidar cantidad y preparación”. Con cada comida que realiza la protagonista de este texto, le suma a la creatividad que viene de antaño con las recetas de su madre, generando así una cocina que apela a la memoria. 

Historias populares con mucho sabor a barrio es una propuesta realizada por el Colectivo Audiovisual Playoniando y la Corporación Mi Comuna en alianza con la Casa de la cultura del Popular.

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