Archivo Fernando García Barrio Comparsa

La alegría de los barrios de colores será para siempre

“Ya llegaron los tambores, la alegría del corazón, a los barrios de colores ya rumba se formó”

Fernando García – Barrio Comparsa

Suenan los tambores y empieza el relato: “Mi nombre es Luis Fernando García, el Gordo. En la fecha de nacimiento yo soy el mono solar azul de la entonación del juego y de la luna, y por naturaleza eso es lo que yo he hecho toda la vida, jugar”. Él, uno de los referentes del arte y la cultura de la zona Nororiental, un hombre que entre sus palabras y expresiones refleja el amor y la entrega por la transformación que se puede lograr recorriendo calles en zancos, con máscaras, entonando los ritmos latinoamericanos y danzando en, como él la llama, la algarabía.

El actual Jardín Botánico fue el hogar y lugar favorito del “Gordo”; allí nació y creció, el Bosque de la Independencia era su nombre. Durante la infancia, su compañía fueron los niños y niñas de lo que es hoy Moravia, los árboles y el tren que pasaba detrás de su casa. A los 11 años se dio cuenta de que sus vecinos iban al bosque por un programa de la Alcaldía y decidió ser voluntario en este proceso. Esta fue su escuela y el comienzo de su relación con las comunidades: aprendió a montar en zancos, a hacer muñecos y máscaras, a soñar con la comparsa. Años después, llegó a habitar Manrique Oriental y allí empezó a activar procesos de recreación y lúdica con las niñas y niños del barrio; desde entonces esto se ha convertido en su apuesta de vida.

Una de las comparsas históricas, en marzo de 1991, es la que recorrió casi todas las calles de la zona: San José de la Cima, Aranjuez, Santo Domingo, Granizal, El Raizal… “Armamos tremenda algarabía, nadie nos detuvo. Cuando llegamos a Santa Cruz, hicimos La Gran Comparsa hasta Palos Verdes. Íbamos subiendo hacia el parque de Aranjuez, una señora me paró y me dijo: ‘Señor, por favor, no baje por ahí que le van a disparar, lo van a matar, esa gente está armada en esas azoteas, mire como apuntan’ yo le dije: ‘Señora junte las manos, traiga a los niños, júntense todos en la comparsa cantando, estoy seguro de que esa gente no le va a disparar ni a la mamá, ni a la tía, ni a la hermana, ni a la novia, relájese y empiece a cantar’. Ella me tomó de la mano, temblaba y empezó a cantar, luego llamó los niños y se fue con nosotros. No nos imaginábamos que eso se iba a convertir en una bola de nieve con líderes, señoras, niños, lo que se formó fue para siempre”. 

Fernando cuenta que durante esa actividad llegaron a Comfama de la 45, en Manrique, y ahí se encontraron a María Emma Mejía, en ese momento delegada por el presidente Gaviria para abrir la Consejería Presidencial para Medellín y buscar diálogo entre Estado y comunidades. Aprovecharon la presencia de líderes y entre varios le dijeron que la gente quería hablar, hacer mesas de trabajo. Ella les escuchó y al otro día estaban en la Consejería para participar en la Mesa de Cultura del proyecto Alternativas de Futuro. Siete años después se creó Plataforma Puente Latinoamericana Cultura Viva Comunitaria que conecta con los pueblos de América que también le apuestan al arte.

El trabajo cultural ha sido una lucha constante contra las violencias y estigmatización juvenil que se vive en la zona, además una pelea diaria por un presupuesto justo que lo apoye, sin embargo, la creación de estos espacios sigue permitiendo la participación comunitaria, el encuentro, el abrazo y la alegría que motivan a continuar en esta resistencia y estos sueños.

 “La comparsa es ir al compás con los parceros, con los ‘comparseros’, una danza que nace con la alegría de un nuevo sol al ritmo de tambores”. 

Por Valentina Urrea De Ossa y Lorena Tamayo Castro

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