El legado del abuelo

En muchos barrios de Medellín hay indígenas de diferentes etnias que, motivados por  distintas razones, han llegado a hacer parte de la población de la urbe. La mayoría se adapta, aprende a vivir en ella, pero lucha de manera permanente por conservar su esencia, por continuar siendo parte de un territorio  y una comunidad a kilómetros de distancia.

Es paisa, así lo devela su acento. Es mestiza, como lo evidencian su color de piel y sus ojos. Su cabello revela poco de su origen, se nota que ha sido intervenido por el artificio de la belleza. También es indígena, pero este rasgo es solo perceptible si se le conoce o si se tiene una pisca de perspicacia al escuchar su apellido: Chasoy.

Este proviene del Putumayo, más exactamente del Valle del Sibundoy, desde donde venía su abuelo Salvador Chasoy Candioy. Perteneciente a la comunidad Inga, este llegó un día a la ciudad de Medellín. El amor lo trajo hasta aquí, recuerda su nieta haciendo alusión a la historia que su familia le ha contado sobre su origen.  

Al mejor estilo de una novela de romance en la que el amor está atravesado por las contrariedades, sus abuelos se escaparon para ser felices. Él era un nómada que iba de pueblo en pueblo llevando algo de su medicina tradicional. Ella, una jovencita de Boyacá de tez blanca y ojos claros.  Un día, ambos se fueron lejos de la familia de la abuela que no aceptaba el encuentro entre los dos enamorados.

Medellín los recibió, y allí se quedaron a vivir desde entonces. En uno de los barrios de esta ciudad, en la Comuna 2, su nieta Milena rememora la historia. Entre detalle y detalle revela lo que ha significado para ella continuar con el legado de esta comunidad, como una de las formas de sentirse conectada con sus antepasados, aún a muchos kilómetros de distancia del territorio originario de los Ingas.  

Esta conexión inició siendo muy joven. En varias ocasiones participó en ceremonias de la tradición indígena, como la celebración del Inti Raymi y algunas tomas de Yagé. También lo hizo ingresando a semilleros indígenas en su escuela. Desde entonces, ha estado vinculada al Cabildo Chicariwak, nombrado así por ser multiétnico y agrupar a Chibchas, Caribes y Arawaks. En él también se agrupan personas de las comunidades Embera, Inga y Nasas.

Por este siente gran afecto pues es uno de los legados de su abuelo Salvador. Él, junto a otros indígenas lo fundaron. Lo hicieron ante la necesidad de personas de distintas comunidades que llegaban a la ciudad buscando condiciones propicias para adaptarse, apoyo social y económico y como un mecanismo para preservar su legado cultural.

Hoy agrupa a más de dos mil personas, tiene una forma de organización y toma de decisiones en las que se cuenta con un gobernador y consejeros de los distintos grupos étnicos que lo integran; este último uno de los roles que Milena desempeña.

También acompaña a un semillero de niños y niñas con el que busca que las tradiciones de las diferentes etnias que integran el Cabildo se transmitan a las generaciones que están en crecimiento. Esta labor la complementa con sus estudios de entrenamiento deportivo en la Universidad de Antioquia. Decidir qué estudiar no fue fácil.  Hubo momentos de temor por no creerse capaz de dar el paso y arriesgarse con el deporte, una de las grandes pasiones de su vida.

Sus búsquedas iniciales la llevaron por el camino de la medicina, en un deseo por ver realizado en ella el sueño de su padre con quien tuvo una relación muy cercana.

-Según mi mamá yo era su “ñaña” -dice Milena para referirse a que era su hija consentida.

Por eso fue tan difícil cuando él murió, dejándola de nueve años. Esto la motivó a refugiarse en sus abuelos, tratando de encontrarlo en ellos. Esta circunstancia avivó su curiosidad por el mundo Inga, pues se alimentó aún más la cercanía con el abuelo Salvador. Curiosidad que permanece en ella, pese a que él ya no está, y se refleja en una búsqueda constante por aprender la lengua y conocer de sus tradiciones.

Acerca de Mi Comuna 2

El periódico MI COMUNA 2 es un medio de comunicación de la Comuna 2 – Santa Cruz, de la ciudad de Medellín. Con un tiraje mensual de 13.000 ejemplares y 16 páginas a full color, el periódico ha publicado más de 69 ediciones, algunas de ellas financiadas con recursos de la Corporación Mi Comuna, la entidad que lo administra. Desde el inicio el equipo de trabajo de este medio se propuso contribuir con el desarrollo local, social y comunitario a partir de la construcción de espacios de encuentros, es por ello que la realización de cada edición tiene como ingrediente principal la participación de los habitantes de la comuna.

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