Fotografía tomada de Facebook Memoria Visual de Medellín

De la zorra al bus

Hablar de transporte en la Comuna 2 nos convoca a reconocer cómo crecieron los barrios en compañía de vecinos en la zona. Porque en la ‘Comuna Nororiental’ hubo momentos en donde los habitantes tenían que atravesar trayectos muy largos para tomar el transporte que los llevaría hasta el centro de la ciudad.

Las formas como las comunidades se movilizan remontan a diferentes renovaciones y épocas.  Como cuando los habitantes manchaban sus pies y zapatos con el barro de las trochas que conducían al parque de Aranjuez o a la vía Zamora, en donde tomaban el transporte.

La zorra

Para quienes no querían caminar trayectos muy largos, como ir desde el Popular hasta el parque de Aranjuez, se emplearon las mulas o zorras. Un caballo hacía rodar cuatro ruedas que servían de soporte para un tablón grande que tenía una estructura con 4 o 5 sillas de madera, en donde las personas se sentaban.

Esta forma de transporte se fortaleció cuando el tranvía funcionaba hasta la estación Villa en Prado Centro. Los famosos arrieros adaptaron sus mulas, organizaron horarios de salida y ofrecían reservas, consolidando así el primer transporte público del sector. De hecho, un señor de apellido Valdés, apoderado de una gran finca de la zona, puso a disposición algunas mulas de su poder y de allí el origen de la empresa de transportes Expreso Campo Valdés S.A.

Las chivas

Cuando el sector estaba aún más poblado y las personas a través de convites abrieron vías, llegaron las chivas.  Eran seis o siete bancas largas, sin puertas, con farolas para iluminar el camino y en compañía de un fogonero que cobraba el pasaje y anunciaba la llegada al conductor con el “Pare aquí” o con un fuerte silbido.

Ofelia Montoya, habitante del barrio Villa del Socorro, recuerda que cuando ella llegó en 1963 a Las Casitas de la Divina Providencia, hoy Villa del Socorro, solo estaba la chiva de Don Fabio que servía a las 80 familias que vivían en el sector. “El transporte subía por todas las curvas y había trayectos con mayor peligrosidad como el de Tres Equinas, hoy 105ª con la 49ª, en donde los vehículos caían constantemente o el de la vía que da a la principal de Casa de Justicia, los carros se quedaban atascados en el pantano que parecía jabón. Eso era seguido, muy peligroso” afirma.

También conocidos como escaleras, funcionaron estos llamativos vehículos de colores azul, rojo, verde y amarillo. Montoya recuerda haber pagado 15 centavos para bajar hasta el centro.

Los buses

En la década de los 70ta, los buses que comenzaron a prestar el servicio eran modelo 36, 40, 46 de marcas como Chevrolet, Ford y otros. Con carrocerías resistentes, dos puertas, luces, una campanita para anunciar la parada, la registradora y en algunos casos con “el pato”, quien además de hacerle compañía al conductor cumplía las veces de cobrador.

Ofelia recuerda que cuando comenzaron a funcionar los buses de Aranjuez, para ir a trabajar ella debía ir con su hermana hasta la calle 100 con la 49. “Salíamos corriendo como locas a coger el bus amarillito, así como usted los ve hoy, que bajaban repletos el alma para bajar al centro, que lo más lejos que llegaba uno era a Guayaquil” recordó.

Fue así como se pasó de montar un animal de carga a un vehículo automotriz, de gritar “pare aquí” o tocar una campana a un timbre, de transitar por la trocha a la vía pavimentada, de lanzarse por una de las bancas a salir por la puerta delantera o trasera y de pagar centavos a pesos. Sin embargo, hoy el transporte sigue renovando su sistema: sin registradora, con GPS para controlar el desplazamiento de los buses y hasta pensar en un sistema de cobro electrónico, como la Cívica.

Acerca de Elizabeth Espinosa Arango

Soy Elizabeth, nací hace un poco más de 24 años. Soy Comunicadora Social, siempre me ha gustado el trabajo social en las comunidades y veo mi vida reflejada en ello. Vivo enamorada de la vida, aunque me desilusiono fácilmente. Me pueden decir "gorda", pero soy muy delgada. Nací en Medellín y camino feliz por las calles de Mi Comuna 2. Amo mi familia, amigos y compañeros. No doy monedas, compro dulces. Y solo queda decir, no me gusta el maní.

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