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BEPS, el fin de una pensión digna

Doña Amparo llegó un día al consultorio jurídico de la Casa para el Encuentro Eduardo Galeano, preocupada porque de su fondo de pensiones la llamaron para ofrecerle que se pasara a los Beneficios Económicos Periódicos Sociales (BEPS). Ella casi no entendió, por lo que decidió acudir angustiada para resolver su inquietud. 

Doña Amparo: Oiga doctor, qué es eso de los BEPS, es que me llamaron a decirme que me pasara y yo no entendí nada, solo que me daban un auxilio económico. 

Abogado: Sí doña Amparo, así es la reforma pensional. Los fondos de pensiones están llamando a sus afiliados para preguntarles si desean seguir cotizando para alcanzar su pensión o por el contrario, recibir un subsidio inferior al salario mínimo.

Doña Amparo: ¡Ah! Pero muy bueno que yo pueda elegir.

Abogado: Doña Amparo, ¿usted sería capaz de vivir con menos de lo que usted se gana mensualmente? ¿Con menos de un salario mínimo?

Doña Amparo: Mijo por Dios, cómo se le ocurre; si con lo que gano a duras penas me alcanza, imagínese con menos

Abogado: Precisamente doña Amparo, lo que pretende esta reforma es que ustedes pierdan el derecho a pensionarse, y reciban algo desproporcional a lo que han trabajado tantos años. La pensión no es un favor que le hace el Estado, sino una obligación con los adultos que han trabajado toda su vida y han pagado los impuestos.

Doña Amparo: ¿Cómo así que me dan algo desproporcional a lo que yo he trabajado?

Abogado: Lo que quiero decir es que ustedes han trabajado mucho para que reciban tan poco. El Estado quiere desentenderse de la obligación a que todas las personas al menos puedan subsistir con un salario mínimo. Si con el mínimo es difícil satisfacer nuestras necesidades, como será con algo menor. Doña Amparo, pienso que la reforma debe ir encaminada a que las personas se les pueda garantizar un mínimo de derechos para llevar una vida acorde a su dignidad humana. 

Doña Amparo: Eso es injusto, mijo. ¿Eso es para todo el mundo o solo me llamaron a mi?

Abogado: Doña Amparo, eso sería para la mayoría de la población. No todo el mundo tiene un trabajo estable, lo que generaría condenar a que las personas no puedan tener un ingreso mínimo para vivir.

Doña Amparo: ¿Ese tal subsidio cada cuánto me lo darían? 

Abogado: El subsidio se lo darían cada dos meses, con un valor aproximado de quinientos mil pesos, ¿se imagina ese valor cada dos meses? ¿Es posible vivir así?

Doña Amparo: Pero entonces, ¿la pensión va a dejar de existir? 

Abogado: Si, la idea es que la pensión desaparezca para los sectores más vulnerables y de menores ingresos del país. Imagínese usted, un adulto, sin trabajo y encima recibiendo un subsidio que no satisface sus necesidades, cuando es claramente un derecho. La pensión no es algo regalado, es la compensación a nuestro trabajo durante toda la vida. 

Doña Amparo: Venga, ¿quién está haciendo eso? 

Abogado: Pues es una política propia del actual gobierno, que considera que la protección a la vejez es un gasto y no un derecho. 

Doña Amparo: ¿Usted qué me recomienda que haga?

Abogado: Pues todos los sectores debemos ser muy activos. El papel de los abogados debe ser no dejar que esto sea una norma, pues va en contravía de los derechos de la protección a la vejez y de parte de la sociedad, necesitamos que participen activamente en debates y plantones con el fin de no dejar pisotear los derechos de nuestros mayores. La idea es seguir defendiendo nuestro derecho a la pensión. También una cosa muy importante, elegir bien a nuestros gobernantes. 

Por Juan Esteban Gómez Jiménez

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