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Algunas estrategias para la protección de la vida

En el año 2019 se presentaron en Colombia 2.550 suicidios y en los últimos cuatro años 34.000 menores de edad intentaron suicidarse. La situación en 2020,  durante la pandemia, parece que no ha mejorado e incluso tiende a empeorar: Entre enero y mayo se reportaron 69 suicidios y 902 intentos de suicidio en Medellín. 

Esta es una situación que nos preocupa profundamente, y por ello queremos proponer algunas estrategias muy sencillas que podrían ayudarnos a prevenir las conductas del espectro suicida en las personas cercanas a nosotros y, por qué no, en nosotros mismos. 

Lo primero que tendríamos que considerar es evitar caer en los mitos que acompañan a las conductas suicidas. Un mito es una creencia que las personas aseguran es cierta, pero en realidad es falsa. Si nosotros aprendemos a identificar esos mitos y no caer en ellos, podremos prevenir las conductas de las que nos ocupamos hoy. 

Tal vez el mito más conocido y que más daño causa es aquel que dice que » el que lo dice no lo hace», (como «perro que ladra no muerde»). No obstante es importante tener en cuenta que las personas que intentan suicidarse o se han suicidado casi siempre avisan, y por eso es necesario que cuando alguien diga que “se quiere morir”, o que “cree que las personas estarían mejor sin él”, se le pregunte si está pensando en atentar contra su vida, para ayudarle. 

Otro mito muy conocido es “eso es por llamar la atención «, refiriéndose a que cuando alguien nos dice que quiere morir, está haciendo una pataleta ¡Y es todo lo contrario! Hay que escucharlo, atenderlo, acompañarlo y siempre mostrarle que nos preocupamos por él, que lo tomamos en serio. 

Otras estrategias que pueden ayudar a disminuir el riesgo de suicidio, tienen que ver con generar pequeños momentos de descanso, de relajamiento, de desconexión de los problemas de la vida cotidiana. A estos los denominamos “fusibles”, pues nos permiten descargar el exceso de malestar, rabia o tristeza que nos esté afectando. Un ejemplo de un “fusible” es sentarse a tomar un café durante 1 o dos minutos, centrándose solamente en el sabor del mismo y tratando de no pensar en los problemas que se tienen. Otro ejemplo puede ser que mientras nos estamos duchando, nos concentremos en sentir el agua y el jabón sin pensar en nada más. 

Otra estrategia que nos puede ayudar a prevenir el suicidio es aquella del “tiempo fuera”. Cuando nos sintamos mal, estemos angustiados o preocupados, podemos buscar un espacio en el cual estar un rato a solas, sin tener a nadie cerca mientras respiramos profundamente. Esto mismo podemos enseñarselo a nuestros niños o  adolescentes, buscando en la casa algunos lugares a los que se podría ir al estar ofuscados, asegurándonos, gracias a un acuerdo entre todos, que nadie nos va a buscar allí. 

Finalmente otra estrategia para prevenir el suicidio es reconocer cuáles son las redes de apoyo con las que podemos contar cuando nos sintamos en problemas. Para ello, hay líneas telefónicas como el 4444448, o el 123 de la policía, las cuales podemos llamar siempre que nos sintamos mal. Si tenemos algún tipo de cobertura en salud del SISBEN o alguna EPS, podemos tener anotado en algún lugar cercano y visible, los lugares a los cuales podemos acudir en caso de problemas. 

Si bien estas estrategias parecen muy sencillas, pueden ayudarnos para superar situaciones o momentos difíciles a través de la implementación de pequeñas acciones que generalmente están orientadas a sentirnos mejor y a cuidar la vida.

Por Juan Carlos Jaramillo
Doctor en Psicología

Mira aquí la conversación realizada con el Psicólogo Juan Carlos Jaramillo

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