Algarada Juvenil: 27 años transformando a través del teatro

Diversos procesos culturales de la Comuna surgieron para resistir a la guerra en los años 90 y los niños, niñas y jóvenes eran los principales afectados y vulnerables para el reclutamiento de los grupos armados de aquel entonces.  

En 1991 en el barrio Villa del Socorro, la hermana María del Carmen Escobar, conocida por los habitantes como la hermana Carmelo, convocó a jóvenes del territorio para crear un grupo teatral  y hacerle frente al conflicto armado que la zona nororiental de la ciudad atravesaba.

La creatividad, el arte y la puesta en escena de situaciones cotidianas, permitieron encuentros constantes de los jóvenes quienes poco a poco encontraban una alternativa de vida diferente. Después de un ejercicio de aprendizaje y construcción constante, decidieron presentar su primera obra: “El mesías libertador”, que fue presentada en el Teatro Pablo Tobón Uribe con la intención de obtener recursos para el asilo de Villa del Socorro que en aquel entonces también era acompañado por la hermana Carmelo.  

Edgar de Jesús Zapata coordina actualmente el proceso de Algarada Juvenil. Es uno de los jóvenes que, desde aquel entonces– casi dos décadas- le apuesta a la transformación social a partir del arte.

“Cuando la hermana Carmelo regresó a su país fue un momento triste, pero nos dio muchas ganas de seguir trabajando, de sacar a los jóvenes adelante, de luchar para que ellos no se quedaran tampoco en ese ir y venir de la guerra que había; y fue así como empezamos a trabajar”, expresa Edgar, reconociendo además el apoyo que ha recibido por parte de la parroquia San Martín de Porres y los sacerdotes que han posibilitado un espacio y herramientas para que el grupo siga adelante.

La palabra Algarada proviene de España y significa “algarabía o alegría”. Por ello, la hermana Carmelo y los jóvenes de grupo quisieron tomarla como insignia durante los encuentros, salidas, actividades y puestas en escena.

El grupo ha liderado varios procesos, en el que no solo han participado los jóvenes, si no también niños, niñas y personas adultas, entre los 6 y 65 años de edad.

“Lo que nosotros pretendemos es que los jóvenes y todo el que llegue al grupo tenga un espacio para pensar que la vida es bella, que hay que vivir y saber vivir, gozándola por medio del teatro. Nosotros por medio de este hacemos reír y llorar a las personas”, agrega Edgar.

Procesos como Algarada Juvenil han permitido que quienes participan, viven y disfrutan de estos espacios, se transformen poco a poco. No obstante, uno de los retos del teatro es insistir y persistir en diferentes formas que venzan la apatía; pero también, explorar nuevos lenguajes que permitan el acercamiento con el otro y la otra y generen identidad.

Por Kevin Rodriguez Sánchez

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